HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estoy aquí por una PI. Pero éste no es mi hábitat. No es un lugar para la vida. Los lugares a los que me gusta ir en la ciudad, están llenos de mierda, porque son suburbios. Los lugares limpios de la ciudad son insoportables, llenos de hormigón, de escaparates y de gentes que caminan como fantasmas que van a comprar o a vender algo.
Yo no me crié en la urbe. Yo me crié en un lugar donde jugábamos en el monte, caminábamos kilómetros río arriba creyendo que llegaríamos al lugar donde nació y que allí habría un duende que vomitaba el agua. Me crié subiendo montañas para ver si podíamos abrazar al arcoiris y comérnoslo. Haciendo toboganes con viejos sacos de patata en la nieve. Me crié buscando moras y dando de comer a los renacuajos del pilón donde iban también a beber las vacas. Me crié junto a las pulgas de los perros y los corderitos. Donde íbamos a fumar el primer cigarrillo al bosque y a beber la primera botella de vino en una vieja fabricona arruinada, llena de maleza y kilómetros de montes... donde el primer beso lo recogía un cielo estrellado, bailando, saltando, haciendo aquelarres, sin ley.Yo no tenía ni puta idea de lo que era un paso de cebra ni un semáforo. En mi pueblo los coches nunca tenían preferencia. Patinábamos, andábamos en bici, jugábamos al beisbol con raquetas de tenis y añadiendo el kárate al juego. Nunca nos encerrábamos en casa ni en ningún bar. Ni cuando caía una helada de la ostia, nos abrigábamos y salíamos a saltar en los charcos congelados el humo verde. O nadar sobre la nieve. Y en mi adolescencia yo no soportaba las discotecas y esa música de avispas... y además siempre me echaban los guardias de seguridad, prefería juntarme con la gente que bebía y hablaba y se miraba a los ojos y oía también el silencio y hacía su propia música y canción en la vereda o en los parques.
Yo nací en un lugar dónde ladraban los mastines por la noche y se oía el canto de los sapitos y de los grillos. Y por la mañana nos despertaban los pájaros. Y pasaba una furgoneta que decía "ya está aquí el chatarrero hoy están de suerte" Y también el pescadero, el butanero, el panadero. Y cada bocina sonaba de una manera. No se oía casi las putas sirenas de la policía. Ni el sonido de los coches.  
A mí nunca me importó la ropa que llevaba puesta, ni se pegaba, ni si tenía rodilleras y coderas mal cosidas, o pelos de gato. Yo sólo me maquillé en carnaval. Y además me maquillaron porque yo no tengo ni puta idea ni quiero aprender.
Lo de las ropas de marca, me parece una indecencia, para quién las lleva puestas, porque lo único que demuestra es que es idiota y que paga por ello más dinero,  por la moda y la publicidad y el mundo de las apariencias y la prisión del capitalismo.  
Yo nací en un lugar donde cuando pasaba un vagabundo, íbamos a escuchar sus historias del camino y robábamos en casa todo lo que pudiéramos para llevárselo. 
Aprendimos a conducir quitándole el coche a mi padre y avalanchándonos sobre las carreteras que nos llevaban al Imposible.
Y aunque mi vida, me separó de esos viejos amigos, cuando ellos empezaron a crecer hacia un lado en el que yo jamás iría. Sigo amando lo que eran cuando eran niños, cuando no estaban contaminados por el sistema ni por los adultos. Cuando no me tomaban por loca. Cuando nos amábamos.

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