HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Fraguó tu voz clandestina de mi suelo resquebrajado el enamoramiento de las palabras del destierro y las pinzas atadas a la electricidad en los hemisferios de ese verbo del delirio.
Yo me hice la loca para ser tu reposo en el espanto.
Celestina de las flores desahuaciadas de la cicuta.
Mercenaria del grito del cielo sobre tus piernas.
Pero no sirvió para que te quedaras.
Porque el amor entre nosotros tenía la misma semántica que el asesinato.
Y elegir la vida, era destruir los ojos de los cisnes entre nuestros ojos.

1 comentario:

  1. ¿Por qué no elegir un asesinato con ojeras, ya puestos a la gansada, un asesinato lento como el de un ánade en una charca resplandeciente?

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