HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Fueron todas las historias, a ese fracaso, y en medio del abismo, por no llorar, se puso a tocar una canción. Llené el arquetipo del alcohol, en rutas incendiadas. Y tomamos con dientes y gas, lo que no nos amaba. Y se lo dimos a la pobreza que pudiera amar desde la absoluta nada.  Y valió la vida, el vaso, la sed, las letras que habría que robar al tirarse al suelo y rodar de balas perdidas, con tu madre con ese puercoespín en la cabeza.

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