HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ha salido el sol por el monte. Al recordar al abuelo, me vino como un deseo de llorar, pero sólo me duró un segundo y se ahogó en un lugar imposible. Algo raro ocurrió en mis sentimientos ese invierno del 2016.  Algo no resuelto con su muerte. Algo de iceberg en mi alma. Con mi abuela no fue así, con mi abuela sufrí su muerte, como una niña, como una flor de fuego, como el soplo de la nieve, quedamos juntas, quedamos en paz de ocasos y de llamas. En cambio con el abuelo, yo me volví la perversidad de lo pragmático.. me asaltó una jauría contra mi familia en aquella época, contra iros al pairo todos.... me rebelé contra el vínculo, me alejé de mis sentimientos... me alejé de mi zona buena... y aunque a ratos volvía, me ataqué de una metafísica de ateos y de lobos y de qué sé yo. Algo que me separó del amor al abuelo. Y yo luchaba contra ellos a veces. Y a veces lo alimentaba.  Todas las horas que pasé en el hospital....estaba cinco horas allí... durante meses..y a veces sufría delirios de la poesía robada. Y quería largarme yo sola al pueblo y no estar demasiado. Me afectaba no estar en mi isla. Odiaba ese hospital privado católico y concertado. Yo soñaba con ser libre por fin. Con irme a la mar. Con no cuidar de nadie, ni ser necesaria para nadie, sólo para la mar. Eso me hacía desear que el abuelo se muriera y mandarlos a todos a tomar viento. Llevaba 4 años cuidando de los abuelos. Tenía muchas almas antagónicas. Cuando me derretía de ternura de duendes con el abuelo. Cuando me enfadaba con él, por ser egoista y caprichoso. Cuando me creía la custodiadora del mundo de los muertos y de su primer viaje. Cuando estaba ansiosa por el poema que no había tenido tiempo a escribir. Cuando me conectaba con la mística de no tener prisa por nada y sólo amar al abuelo. Cuando mi madre me sacaba de quicio. Cuando trataba de ayudarla porque la veía volando por los aires ante el espanto de perder al abuelo. Cuando trataba de que aceptara su muerte y de que no se engañara con falsas esperanzas y cuentos. Cuando respetaba sus creencias místicas y las alentaba y multiplicaba, cuando se las rompía ebria de fuego. Todo fue muy raro, muy explosivo y sanguíneo. Muy contradictorio y lleno de pólvora.  Y mi padre luego enfermó. Tenía ataques donde no podía respirar porque tenía los pulmones encharcados y un grave problema cardiaco que no sabía. A mí eso que si me trastornó.  Mis sueños de irme muy lejos de todos... y vivir en un camping, recogiendo caracolas y nadando en la mar con un perro.... se fueron a un agujero negro.. por el espanto de que le pasara algo a mi padre... en mayo del 2016 sufrí una revolución existencialista.. muy rara.... empecé a beber demasiado, mis pies se fueron de la tierra, me volví como una oruga en una flor del tejo... me volví más caótica y surrealista... muy cerca de la nada, muy encima de la deriva, sólo sujeta por el instante presente, entre el hedonismo y la indigencia, más el grito de todo lo escéptico y del pis de los brujos. En el mes de mayo, cuando mi padre estaba en el hospital y yo temía el abismo, me sentí profundamente sola de todos los humanos, de todos los mundos, excepto de mi padre. Nadie compartía conmigo ese dolor. Nadie estuvo.  Y yo me hice mucho más andrajosa del éter. El resto de mi familia, tampoco podía comprenderlo.

1 comentario:

  1. A veces malinterpretamos nuestros propios sentimientos, nos malherimos por pura desesperación.
    Perdemos la vida y a nuestros muertos cuando dejamos que la muerte colme el hueco de la ausencia.
    Tu abuelo no querría de ninguna manera que lo recordaras vencida por la duda y el dolor, sino en el ímpetu de su savia que en ti lucha y por ti corre hacia la vida.

    Salud Mareva!

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