HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ha venido una vecina, es una anciana que creo que vive sola. Ha venido en bata y en zapatillas, con esa sensación de infinito que sólo provocan las ancianas. Quería que le ayudara a colocar su móvil porque se le había caido y no sabia encenderlo. Me provocó mucha ternura. Un deseo de ayudarla, casi de abrazarla, de que ella me protegiera a mí con el fondo de sus ojos. Me hizo feliz.

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