HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Había una luna llena más grande de lo habitual, más amarilla. Estuve feliz con el perro, descansado en la hierba, mirando la luna, debajo de aquellos árboles, a la vera del río. Pero cuando salí de allí, olía a veneno, a mierda, a químicos, a tubos de escape, a muerte. La ciudad huele a muerte. Quitamos la hierba y los árboles, echamos hormigón, hacemos estéril la tierra y condenamos la vida. Las calefacciones, los tóxicos de los coches y fábricas. La lejía que se vierte desde las casas al río. Todos los plásticos que compramos al mercadona. Somos un puto veneno de sociedad. Sentía angustia cada vez que veía un coche, y venía uno detrás de otro, ocupando todos los carriles. Sentía angustia del aire de aquí. En la montaña no huele así. En las pequeñas poblaciones costeras tampoco. Estamos destruyendo la vida. Las ciudades sólo son destrucción. Nos hemos convertido en una sociedad absolutamente dependiente del capitalismo. Servil a la clase alta.  Si nos quitan la tierra y mercan con ella, nos convierten en fantasmas, nos quitan la capacidad de supervivencia autónoma, nos quitan el Verbo, nos roban nuestra casa. La humanidad sólo es sostenible, en rizomas de pequeñas comunas, tribus, concejos, o como se les quiera llamar que vivan en armonía con la naturaleza y en simbiosis unos con otros, no en guerras de capital y poder. Deberíamos plantar miles de árboles, cada mes y que no sean producto de la tala y lo mercenario. Deberíamos echar a la hoguera a aquellos que hacen negocios de humo, sin mancharse las manos y sin dar fruto. Como todos los banqueros, las compañías de seguro, y los empresarios que nunca han dado un palo al agua, los reyes y los políticos, los obispos y las escuelas privadas, los de la especulación inmobiliaria y lo mercenario y usurero con las casas y con los espacios colectivos, los que se hacen multimillonarios, con la enfermedad y el dolor ajeno, como todas las farmacéuticas. Es tan triste ésta sociedad que el grito, no es de palabra, es de guillotina en la plaza.

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