HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hace ya casi diez años que no tengo brotes de locura. Tal vez ella ya no vuelva, porque mutó con la poesía el crematorio de sus extremos. Tal vez se hizo cincel en medio de ninguna parte, amaestrando nubes sobre los diarios de las brasas y el hambre. Tal vez porque descansó, el aullido de etanol del subconsciente sobre un lenguaje que pudiera respetarlo y liberarlo, aunque fuera la lengua de los desaparecidos.
Creo que lo que vuelve loca a la gente, es la no expresión. Es guardar dentro los cadáveres y rodearlos por los muros que otros levantaron.
El sistema en el que vivimos llena todo de muros. Nos hace un escupitajo de tinta malavenida sobre una piedra.
Recuperar el lenguaje, es tener una oportunidad para ser viento y dinamita.
La locura emerge como la rebelión a la trampa de las palabras políticamente correctas en el circo social.
La locura se agarra con nitroglicerina, al rostro que fue acusado y excluido. Y lo suda, como el espanto y la radicalidad de su niño muerto.
En la locura hay sufrimiento que fue condenado a galeras por la humanidad. Incluso por los vínculos más cercanos.
Ella es un mecanismo de defensa, y a veces de contra-ataque. Para que nuestro Franquestein pueda hablar y amar.

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