HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay gente caminando por las aceras,  la panadería que enciende sus luces, el sonido de los coches, persianas que se levantan. Pero acá, no se ve la belleza del nuevo día, no están las señales que están en la montaña. No hay diferencias. La urbe es un constante bucle de avisperos sin ámbar ni pólen. Acá no están los pájaros que cantan a esa hora donde aún es de noche pero ya está a punto de amanecer, los que llegan cuando ya es de día, ni los gallos, ni la escarcha y el sol que la derrite, ni los ladridos de los perros haciendo eco en la intemperie, en el espacio. Aquí el espacio es diferente. Está enjaulado y sucio. No hay sensación de infinito ni de vehemencia. Hay sensación de presidio y de contaminación.  En el pueblo por mi ventana no suelen aparecer personas ni coches. Hay un camino de tierra que va a dar a unas cuadras y luego cruza el río y va a dar a la fuente y al monte...y tiene una salida a una carretera. Allí sólo se ven a los dueños de esas cuadras, de vez en cuando, alguien que pasea con perros y niños, o gente que hace senderismo y no es del pueblo.. y pasa por azar por allí.  Se ven muchos más animales a lo largo del día que personas. Allí cuando escribo, me detengo a veces y Veo, acá no, acá miro por la ventana, pero miro hacia una brecha, miro en la abstracción, no siento la belleza ni el estremecimiento, miro para irme y no para reposar la mirada. 
Cuando era niña...y viajaba con mi familia en coche a la ciudad, sentía desasosiego y angustia, al pasar el Rabizo, que es un pinar sobre un monte. Desde allí se acababa la montaña. Y me daba angustia la llanura, y no ver árboles. Me causaba malestar y mareo. Tenía alergia a las praderas, me daba vértigo y espanto. Sentía muerte. Me ponía triste, me quedaba desesperanzada.. Sólo me gustaba la montaña y la mar.  Con el tiempo aprendí a sentir belleza en paisajes más áridos y desérticos. Pero no en la urbe. La urbe sólo me gusta de noche, cuando el vino es proletario y hace aquelarres.

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