HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay una hermosa niebla desputalando tus ojos de pizarra en las huevas de pez que murió congelado al descubrir que detrás de ti, una peonza borraba lo que el cuerpo cargó en el alfabeto como asesinatos, como entregas masoquistas al agujero negro.
Yo era la desquitada de los brazos de fuego en el estéril campo bajo el que ebrio de muerte y desesperación creiste que era el momento de tener un  hijo.
Y mi vientre-enana blanca, desposado con el humo, tecleó una horrible canción al marfil robado, sangrando elefantes en islas esculpidas con pabas debajo de la tierra, drenando de la mar tu angustia y matando barcos en mi pecho.
No había redención, cuando dentro éramos los hijos criados por los cuervos que habían dejado ciegos ya a todos.

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