HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado con el perro por los montes. Orbayaba y cuando empezó a llover fuerte nos dimos la vuelta, nos empapamos, pero es bonita la lluvia, a mí me da una sensación de vida, mojarme con ella, aunque cuando el frío y el viento... es mejor refugiarse. Vi a lo lejos mi viejo colegio, ese colegio donde empecé a conocer la misantropía y el asco a la humanidad. Antes de ir al colegio, para mí todo era amor y belleza. En ese colegio descubrí la hipocresía, el doble rostro, el mal, el asco al mundo de los adultos y toda esa mierda que luego encontré en todas partes. Mi primera profesora del prescolar, se llamaba Dolores muy acertadamente, era un dolor de mujer, una amargura. Recuerdo que nos castigaba con libros en las palmas de las manos y de rodillas, y tendríamos 3 o 4 años. Ella me dio los dos primeros cursos de prescolar. Yo detestaba a esa mujer... pero a la vez a veces buscaba su cariño. Creo que eso lo hacen todos los niños y esa es su desgracia...  Por eso a veces crecen con profundos traumas, por amar a familiares que se merecen sólo la pedrada.  Por crecer con un hueco que luego culpan sobre sí mismos. Porque los niños aman, nacen amando, y es el mundo el que no les corresponde.
El colegio del pueblo es muy grande, tiene tres plantas, cuando yo estudiaba, aún se hacía allí octavo de EGB. Luego se quedó sólo hasta sexto de primaria. Cuando yo iba a ese colegio, todas las clases estaban ocupadas. Abajo eran los prescolares.. el comedor y la sala de los profesores... arriba primaria y en el piso más alto los mayores. Hoy sólo había dos o tres clases con las persianas subidas, tal vez sólo haya unos 20 alumnos.

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