HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado jugando con el perro. Olvidando casi todas las cosas en sus ojos. Reviviéndome de lo que no se quedará como palabra ni cuerpo para recogerte el océano en la pérdida.
Todo se va. Se lleva marchando desde que empezó la música a romper tu casa en mi pecho.
No hay casi nadie para morir de voz en un fuente de vino y volver de algas. Por eso me siento sobre el campanario caido, a la migaja de la nieve, al acordeón de lo que baja y nunca más sube enamorado de la flor del cactus y de la ausencia.
Y si falta un amigo, hacemos montañas con la pintura que cae de la pared.
Vendrán nuevos tiempos y nosotros no vendremos jamás. Al hilo de mariposas. A la urbe triste en tus ojeras amoratadas. Al amor de jeringa y sudor en el servicio de la estacias con tu vaho dislocado en lo que robaremos mañana para hablar de clase con la luna.

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