HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado jugando con Kavka. Y me ha llevado a la alegría. Dentro de un rato iré a llevarlo a correr. La vida ahora no ocurre en los hechos ni en la funcionalidad de ningún encuentro ni hoyo. Es la elaboración de la tundra en juegos despellejados de pájaros oblicuos que sólo han tenido la certeza de la mar en el centro de la perdición.
Pero esto ya no es una crisis existencialista, es la evolución del vaho y de la vagabundia, lo que se desnuda a través del hacha del tiempo en el humus de la rosa tragando tu mirada cuando los ciervos abren los ojos al fusil escondido en los arbustos.
Todo es de la entropía y su meticuloso orden del arrebato y la ausencia.
Mis ilusiones son papel de plata subiendo a Mercurio. Son el extremo de lo irracional y de lo que levita sin rumbo ni tripulación.
A la mitad estoy pegada al espanto, y lo otro va de la mar, a los perros.
Ya no creo en la literatura. Aunque ella todo lo toma en su regazo y lo moldea para que lo soporte mi vacío. Pero ya no es la morada, ni lo que paga a los camareros.

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