HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado trabajando una hora. Y ahora ya es el momento de parar, porque me saturé de sus metáforas.. y el criterio se llenó de etanol.  Esperar el siguiente asalto.
Mientras la voz-madriguera, va menguando el sol-trapecista de esa evaporación del templo en el machete que las costumbres destruyeron en tu amor. Y era mi vicio. Siempre fue mi vicio mientras desaparecías de la agenda como un hijo que se ahoga en un pozo de distancias, y echamos monedas y cantos de sapo para apretarnos a la  vigilia del ojo que sigue apuntalando la fiebre del bosque.

Ayer encontré en mí la estructura del pensamiento paranoide, como hervidea de flores cuando llegamos a la guerra con la casa volada por los aires, y los añicos de nuestros muertos, sujetando la pared para que no caiga, con vigas que lloraron la descendencia de la carcoma en nuestra música.

Es jodido este lugar donde todo se mezcla, sinestesia de humus en el hueso y en la pobreza. Acá, donde ya no escribo poemas. Todo lo agito en la mueca de cristal que liba de la flor tu espejo de manos y te veo dentro drenando de la cocina espinas de pescado. Y soy el antiacabado del grito que me atormenta.

Mezclo la literatura, con la mierda de las suelas de mis zapatos.
Hablo de mi intimidad violada en tus colchones, para hablar de la profanación de un libro en callejuelas que recogieron tu vómito de vino y vistieron con el, de besos a las estatuas.
Hablo de mi monólogo del esperpento, para hablar del mirlo sobre las zarzas y devolver esas monedas al revisor, sin sacar trapos sucios del charco de sangre.

Soy la antipoesía, manchándolo todo con propósitos delirantes en los antipropósitos de mi lágrima cayendo por tu espalda.

Mi poesía no ha evolucionado hacia la cumbre del poema.
Ha barriobajado los escombros de mi vida en lo mundano de mis existidos y asesinados... entre lo que me roza y me congela o lo que yo profano por tenerlo en la boca.

Me ido de la forma, del fruto, de la corona del finado, de la belleza, de la gravedad del paso, por la abrasión de una sinestesia mucho más vagabunda.
Ya no persigo el ideal de la literatura. Soy una jodida centrifugadora del ensilamiento de tus manzanas en el alcohol que me asesina los paises cuando aullan las rocas.

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