HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He sido muy feliz con el perro. Hoy estaba de vibra perruna, y en el río se juntaron ocho perros, jugando y avalanchándose, felices, en su selva. Y hablé con algunos de los "dueños" y me parecieron bonitos, humildes y perrunos. Sobretodo un señor con barba que me causó mucha simpatía, tenía una pinta espontánea y niña, tierna, pasota, como si hubiera fumado hierba, y se me contagió y me puse a hablar medio en broma medio en serio, como en la infancia. Luego apareció un pastor de berna que me enamoró y su dueño también era zen como el perro. Hoy no sentí misantropía. Suelo empatizar mejor con los hombres en lugar de las mujeres. Mis mejores amigos siempre fueron hombres. En mi adolescencia yo prefería juntarme con los chicos... yo me sentía uno de ellos.  Nunca compartí con las amigas del instituto demasiadas afinidades ni verbos comunes. Cuando iba con ellas a la ciudad y se metían en las tiendas, yo me quedaba en la puerta o compraba una cerveza y las esperaba en el parque, no me gustaban las películas que ellas elegían en el cine y me iba a ver la que yo quería yo sola. Sólo tuve dos amigas con excepción, una mexicana que venía los veranos al pueblo y que bebía tanto como yo y era de espíritu rana y puma, tenía un nombre que nunca había oido pero se me ha olvidado... y otra que era asturiana y se llamaba Adriana y nos conocimos porque sus padres cogieron un camping de la zona y pasamos un verano maravilloso, y 2 o 3 años de amistad,  tenía una familia tan perturbada como la mía y las dos nos fugamos juntas una vez para mandar al pairo esa vida, y bebimos juntas decenas de botellas de whisky y y aventuras de autostop, trenes sin pagar el billete, y flores que se fumaban, debajo de la luna.

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