HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He tenido el instinto de enviar una carta a X. Fui yo la que puse el adiós y la patada. Quería decirla, que no estuve conectada con su sinergia ni la acompañé en su viaje de etanol, porque ya no creía en nada. Y todo para mí era teatro, cada cuál defendiendo su propia pobreza. Ya no creía en la locura. Estaba en medio del desierto. Estaba buscando.. una palabra en el fondo del sol tragado de la mar. Quería decirla que lo siento, en esa parte, en la que también le ofrecí distancia. Y la dureza del muro del escepticismo, y su vejez, y su tristeza.  Pero no la escribiré. Dejaré ese amor hacia ella en el viento y en la nieve y que la cuiden los duendes y sus mares. Porque yo puse triste a su niña, pero ella también a la mía. Y a veces hay personas, muy especiales y mágicas que llegan a nuestro camino, muy bellas como ella, como si nos conociéramos de hace miles de años y el espíritu se estremece,  pero la enseñanza y el conocimiento y la magia, se da en la ruptura, en el enfrentamiento, en la pérdida, y nos hacemos mutuamente una flor oscura, y nos damos arista la una a la otra y duele, y ese dolor es el que da conciencia y nos pega a nuestro camino. Son esas hadas negras. A las que somos también hadas negras. Esas personas que tienen un espejo mágico donde miramos a los muertos. Y a las que somos el mismo espejo de la noche. Tal vez porque somos parecidas. O porque tenemos un animal antagónico dentro. Ese calambre de energía que nos pone inquietas, al acecho de un modo evanescente. Qui lo sa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario