HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He tenido un sentimiento de la antagonia, hacia algo que escribí hoy. Se me escalofrió la piel, al sentir las manos de mi madre en mis manos. No sé por qué, he tenido tantas relaciones de amor-odio. Tal vez desde que era pequeña, se mezclaba el espanto y el paraiso en el mismo gesto. Y eso generó una paradoja, y la absoluta necesidad del régimen del surrealismo y la metáfora. Tal vez yo llegué a la poesía porque era la única voz, donde entraba mi ser, sin separaciones, sin mentiras, sin pedazos rotos, sin suicidios, ni asesinatos. Donde el amor y el precipicio, remaban juntos hacia las estrellas. 
Crecí entre gritos incendiarios que roían en las paredes el retrato de la liebre. Crecí con la mitad de la información en una cazuela de datura hirviendo. Crecí pegada al Ideal como una pistola y como una trinchera, como un credo, como el desierto y como la jauría. Y para defender mi ideal, a veces ataqué a la vida y al realismo, con la cólera invicta de los animales y las amanitas.

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