HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hemos llegado ahora, he secado al perro con una toalla, ha comido un montón al llegar y ahora se relame sentado en el viejo sofá. Ha sido bello volver a la naturaleza y la alegría de la nieve, del olvido que no nos conoce demasiado. He vuelto pronto porque el perro estaba empapado y yo tenía congelados los pies. Nuestras huellas eran las únicas huellas que había en ese lugar. El río tenía lugares congelados, a la mitad nieve y a la mitad hielo. Y sus curvas... y su nacimiento demasiado lejos de ti.
Tal vez empiezo a encontrar la esperanza. Esa que no sabe nada del futuro, ni del tuyo ni mío, la que es profana y esquiva, la que navega.  Y vuelven a encajar los relojes del capitán Garfio con mis ruinas.

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