HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy he subido bastante alto... desde allí veía 7 pueblos. Me quedé fascinada de escucharlo todo desde allá.... los gritos de los niños jugando en el recreo.. un martillo, conversaciones ilegibles pero que adivinaban el alma en la voz, el sonido de los coches... el panadero.... una puerta que se cerraba, todo se escuchaba más intenso... nada detenía el sonido.... ladridos de perros que tal vez estaban a kilómetros... la belleza de ver los tejados y la extensión del valle cuando el horizonte es lo que flota. Subí al tejado del depósito como hacía cuando era niña... estaba lleno de hierba, tenía el recuerdo de que era más fácil trepar... había una zona que elevaba el monte, pero después caía en vertical por el muro del depósito.. subí, y el perro empezó a ladrar porque quería subir y no podía, así que bajé, tuve miedo de que saltara y se espatarrara por ese agujero. Bajar fue más fácil, un salto. Que bello es saltar y hace cuánto que no lo hacía. Cuando era niña, subía a altos y pedruscos, sólo por el placer de saltar y su segundo de levitación. Luego encontré unas cagadas, parecidas a las de las ovejas, pero un poco más grandes y ovaladas, así que deduje que eran de corzo. Por estos montes ya no hay cabras ni ovejas, hay caballos y vacas.. en los meses de calor.  Siento que vuelvo a encontrar el latido de la vida. Vuelvo a encontrar un motivo de celebrar el viento. Allá, subiendo el monte, con el perro, con el silencio.. con el cansancio físico y a la vez la vehemencia, la sensación de candor, algo se conecta con el espíritu. Me quedé un largo rato en una roca, ensimismada por la belleza, la perspectiva de la altura, el misterio de lo que no ha sido ensuciado por lo cívico, lo que aún se mantiene con su eternidad liberada y salvaje. Y luego fui descendiendo... casi me caí, porque había barro y llevé unos playeros tres tallas más grandes que la mía. Y eso me dio alegría y me puse a zarandajearme con Kavka y se me puso muy burro, al placaje y a la mordida, se enloqueció de contento y me agarró el abrigo entre sus dientes y le empujé y rodó un poco monte abajo. Hoy no le puse la correa, quise que volviera suelto y no se alejaba mucho de mi lado.... Fue corriendo hacia la cancilla del patio y me esperó allí. Al llegar me bañé y me cambié de ropa. me sentí tan feliz, tan satisfecha, como si cada vez recordara más lo importante. Lavarse con la pastilla de jabón. Dos minutos. Reír porque sí. Porque existe todavía la luna.

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