HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy me desperté con sed y eran las 5 de la mañana. Kavka estaba dormido con su cabeza en mi almohada al lado de mí. Tenía tanta sed como si tuviera resaca. El perro me siguió por la casa. Fumé un cigarrillo. Todo siempre está al borde de algo inexistido. Rodeado por un sueño sin raíces. Llamado por una pérdida, por una lejanía que sigue en los roquedales hechizada por las olas, incapaz a quedarse en mi introspección ni a salir de ella. 
La disociación de los labios en el fuego despertando los vocablos de tu nostalgia donde no llegó nunca más la solidez de las vides para repartir en la despedida el éter de las guitarras.

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