HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy recordé a K. No debería recordarlo. Eso me provoca una llaga de etanol en el talón de aquiles de mis sentimientos. Todas mis historias han sido del vaso del fracaso y su ardor de absenta y despedida. Absolutamente todas. Sobretodo aquellas que más amé y más quise perpetuar en el rugido de la luna sobre el esqueleto de mi sapito.
También sufrí la más terrible despedida y pérdida de lo amado, en el mundo que no existía. También cuando cruzaba la selva de la locura, perdí el amor del unicornio.
Conozco el fracaso desde todas las perspectivas posibles.
Además yo tengo tendencia kamikaze. Cuando todo está perdido, sigo gritando el poema, como si fuera un espectro insolubre del corazón de los álamos.
Por eso me metía en muchos líos. Porque vivía atada al amor del Imposible y a la justicia del Quijote. Por eso en mi adolescencia....  cuando me enfrentaba a la policía, nunca salía ilesa, no me iba nunca a tiempo, no me protegía. Al contrario iba como una avalancha, sola. Mi idea de la victoria era la explosión catártica, aunque obligatoriamente luego me despojaran de todo y me hicieran daño. Ese dolor me provocaba placer cósmico.
Como aquella vez que me hicieron a la fuerza un lavado de estómago. Y me saqué las gomas. Y luego me hicieron mucho más daño.
Como aquella detención en la semana santa de 2004 un jueves santo en Torres de Omaña donde cruzaba la procesión de las santas infamias.  Y otra que acabó muy mal en la Plaza del Grano de León una medianoche de luna llena un par de años después.
Como otra decena de historias de las huelgas cuando era estudiante y las noches de parranda y barracones.
También era kamikaze con los hombres a los que amaba. 

Luego me hice escéptica de todo. Ahora no lo sé. Tal vez un día vuelva el animal de mi locura y su tropa de duendes y cucarachas e incendidos perros.. Tal vez vengan cuando vaya a venir la muerte.

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