HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy soñaba algo difuso.. se mostraban varias escenas, en un libro o en objetos, y un personaje, escogía algo a través del desamparo o el grito, alguien quería luego manipular su elección volviéndole a mostrar los objetos, pero él ya no cedía.
Tenía algo de frío, se habían caido las mantas. El perro estaba despierto, mordiendo un cacho de madera. Calenté un café viejo. No veía nada los primeros segundos al despertar, había un vaho, una niebla muy densa en mis ojos. Al abrir la persiana vi un camión de repsol con la manguera colocada en unas tuberías de la acera, me generó angustia y el recuerdo del veneno de ésta sociedad.. introduciéndose por nuestros sótanos mientras caminamos ciegos y cargados por el peso y las monedas de la quimera.
Ayer tardé mucho en dormir. Tenía los ojos abiertos en la atracción de la lava. Una rabia abstracta, un deseo de mandar a la mierda a todo lo que me vincula fantasmagóricamente con la humanidad. Un deseo de irme a vivir con los animales. De no volver a hablar con nadie. Y además había muchos ruidos en la casa.. en el piso de arriba chirriaban los muebles y alguien tosía, y en mi casa, ellos estaban dando voces y sonaba un horrible sonido de la televisión. Yo estaba medio dormida, pero en un momento me desvelé, porque el perro empezó medio a ladrar y a llorar, dormido, lo hace a veces cuando sueña, y lo acaricié hasta que se calmó y luego fui a decirles que dejaran dormir. También pensaba en los caballos, quería que aparecieran en mis sueños, por mi extraña relación con los caballos, mi espanto y fascinación a esos animales. Mi espanto empezó, cuando yo tenía unos 17 años. Fui con una amiga al monte porque ella tenía que poner no sé qué verja y yo me quedé sentada en una piedra a la sombra, alrededor de unos siete caballos, y me puse a fumar un porro. Al principio entré en un estado de paz cósmica. Y luego un caballo, venía a jugar, lo acariciaba, y empezó a morderme la ropa, como jugando. Yo empecé a sentirme inquieta por la insistencia de ese caballo, aunque lo acariciaba... y era muy hermoso. Pero luego empezaron a alborotarse y a emitir relinchos, otros caballos, y yo me quedé inmovilizada, en un estado del ser muy extraño y paranoico. Como sintiendo el espíritu de los animales. Entre el espanto y el éxtasis. Sentía que nos comunicábamos con la telepatía. Uno de los caballos levantó las patas delanteras contra mí en ademán de atacarme. Y yo con el porro me quedé como la evaporación de los charcos, me quedé catatónica. Y tuve un mal viaje de la ostia. Yo me aferraba al caballo que jugaba con mi ropa como mi protección. Mientras el otro seguía amenazándome. En ese momento llegó mi amiga, y le conté lo sucedido, pero no me creyó, dijo que era imposible que el caballo viniera a morderme la ropa, que querría pan. Yo me quedé ausente, volando vete a saber dónde todo el viaje de vuelta sin hablar ni una sola palabra. 
Y también en mi viaje con el estramonio, aparecieron cuatro caballos, y levantaron sus patas delanteras contra mí. Eran los caballos como de la puerta del fin del mundo. Yo me quedé inmovilizada también como esperando la muerte y estuve frente a esos caballos una eternidad hasta que se pulverizaron en la alucinación y llegué a una pradera, en la noche.
Luego pasó el tiempo y dejé de tener miedo a los caballos. Pero me siguen generando inquietud.

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