HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy todo se mueve. Sin casa. Sin retorno. Sin la seriedad de ningún verbo, ni de la solemnidad de nada de lo vivo ni de lo muerto. Mi mayor temor, es la muerte de X. Desde que tengo recuerdos, estaba obsesionada por el bien de mi viejo, por su felicidad, porque fuera suya la luna. Él es al único que he querido de forma incondicional. Aunque tuve también en mi adolescencia asesinatos metafísicos y de guerra, ante mi padre. La risa de los mares, me volvía a él. Él era el único miembro de mi familia que supo quererme, cuando el mundo era un crematorio. A mi madre la odié con el surrealismo y con la entraña. A mi madre la sentí una enemiga de mi camino, la sentí la enemistad de la cordura, de la verdad, del espíritu nihilista y del fuego. La sentí mi debilidad. Mi pecado. Mi error. Mi lacra. Una cadena. Un inconveniente. Un peso de una prisión. Que me llenó de contradicciones. De compasión y enervante ternura y amor, con otro rostro, lleno de hachas roji negras y vete a tomar por el culo. Me llenó de sentimientos de culpa y bifurcaciones. Me dio una especie de doble personalidad, una intolerante con nitroglicerina y cruel, y otra jodidamente amorosa, como de un terrible amor cristiano e indefenso. Con un agujero de éter. Con una esquizo-flor y cuchillo. 
Pero con mi viejo... siempre sonó el canto de la taberna. Mi padre no es un neurótico. No teme a la vida ni a la muerte. No defiende el drama ni el pesimismo y la celda. No se se ahoga en mares de whisky. No anda pidiendo permiso. Dice lo que piensa, aunque le cueste un bofetón. A quién sea. No respeta ninguna autoridad. No habla por hablar. No tiene la putrefacción de un crucifijo en su corazón. Ni ha vivido con censuras y traumas. No se cree el rollo del sistema y siempre ha ido a lo suyo, con su propio criterio. No le engañan porque él estuvo del lado de los delincuentes  y de los clandestinos y las ve venir.. Es ateo, es nihilista, es ácrata.Y tiene un sentido del humor enervante, hasta en las situaciones más díficiles y tristes, saca la risa y levanta los espíritus del cieno. Él ha leido miles de libros. Ha viajado por decenas de paises con las manos en los bolsillos. Se ha buscado la vida más allá de todos los límites legales y culturales. Y ha amado y ha sido fiel a su gente y a sus principios incluso en contra de su bienestar.  Sabe cantar. Y ha bebido y amado en miles de noches en vela, como nómada y como eterno. Tiene sentido común. Y es el único en mi familia que lo tiene. 
Tal vez he culpado a mi madre de haber hecho infeliz a mi viejo y no haber sabido comprenderlo ni quererlo. Tal vez, durante un tiempo, culpé a mi madre de habernos metido a vivir en un pueblo de mierda y haber dejado que gobernara la voz de la estupidez sobre nuestras vidas.  La culpé por haber seguido pegada a nuestros abuelos, y su ignorancia y supersticiones y tradición y el qué dirán,  y haberla introducido en nuestra educación. Por no haberse independizado. Por haber obligado a mi padre a vivir en un purgatorio. Porque ella, abandonó sus sueños, sus revueltas en la universidad, la filosofía, los gritos de los hippies y los ácratas que tuvo, y cayó en la recesión y en el fango de los mediocres. Y nos crió sobre el fango. 
Y es raro todo esto. Cuando revuelco las heridas del pasado y le digo tal cual esto que he escrito. La veo caer en la absoluta desesperación y tristeza. Como si me diera la razón y se abandonara sobre un suicidio. Y se me mata algo dentro, al sentir su tristeza. Y al sentir mi crueldad. Y al no poder evitar nada.
Pero sé que esas heridas no están cerradas. Sobretodo las veo en el fondo de los ojos de mi padre. Veo que todo aquello ha hecho una rara arquitectura que hoy sigue tocando los pianos del precipicio y del horizonte.

1 comentario: