HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Iba a ponerme a escribir algo oscuro... algo lleno de paredes golpeadas sobre la nada y tu ojo de cristal bajando la escalera con gotas de la sangre del  gato. Pero el perro empezó a llamarme y estuvimos jugando como dos perros, como dos olas... y ahora que he vuelto se me olvidó lo que iba a escribir. Ya no tengo ese ánimo. Kavka me salva de mí misma. Me han dicho que no hay que dejarle subirse a la gente con las patas, ni dejarlo morder, ni ladrar. Pero a mí me gusta que lo haga. Son cosas perrunas. Y yo juego con él de modo perruno. Lo que no le dejo es que me muerda fuerte, y ya no lo hace. Yo le tiro del pellejo y le detengo la mandíbula, le muerdo el lomo, le cierro el hocico si se pone muy burro, lo empujo, rodamos, y me devuelve la belleza de la vida, la razón para vivir. A los perros no hay que hacerles urbanitas. Hay que amarlos perros y ser un poco perro cuando le miras a los ojos. Aprender tú a imitarlo, a compartir el alma. Y no querer que el perro te sirva, ni sea un fantasma que sólo sepa lamer los pies.

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