HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Kavka es demasiado bueno para un mundo cómo éste. Tuve otros perros, un pastor belga que se llamaba Thor... yo era muy niña, tendría 5 años cuando vino, era un perro que cuando alguien se acercaba a mí para saludarme por el pueblo, se le tiraba a morder al cuello. Era un perro que pesaría 40 Kilos y una vez pegó a un mastin hasta dejarlo casi muerto. Atacó a un electricista. Mordió a un amigo de mi hermano. No era feliz con nosotros. Mis padres no lo cuidaban como el perro necesitaba. Lo tenían atado en un prado con una cadena de tres metros de acero. El Thor rompió decenas de esas cadenas. Yo sufría porque sabía que el perro sufría. Me quedaba horas sentada en el barro a su lado. Aburrida. Pero sentía que debía estar a su lado.  Al Thor lo hizo agresivo mi familia porque lo tenían atado, y sólo a veces lo llevaban al monte. Yo estaba obsesionada con la tristeza del Thor y pasaba todo el tiempo que podía a su lado. En ese horrible prado embarrado, los dos sentados y vencidos y enjaulados en el suelo.. Luego, unos meses después, mi padre me dijo que yo tenía que decidirlo, pero que un amigo suyo quería el perro y que el perro iba a ser feliz con él, que él tenía fincas donde correr. A mí me dio mucha pena. Me pasé días llorando y al lado del Thor... no quería separarme del perro... pero dije que sí, que se lo llevara. Recuerdo cuando vino a por el perro, el perro empezó a sacarle los dientes y a gruñirlo. Y él sonrió y dijo "qué perro más fascinante". Mi padre le puso un bozal. Yo estaba como un fantasma llena de temblor al lado de ellos. Llena de espanto y una profunda pena contradictoria. Un mes después de eso, ese chico vino con el Thor... y estaba mucho más gordo y bonito y vino corriendo a lamerme. Y luego mi abuelo se le acercó y el Thor quiso atacarlo. Porque mi abuelo era él que lo ataba en esas cadenas. Recuerdo también que el Thor se hizo sangre en la patita porque se cortó con un cristal, y el chico ese, se preocupó y fue corriendo a curarle la herida. Desde ese día, se acabó mi tristeza.  Había estado medio enferma. Con esas crisis existenciales y sinestésicas de la niñez. Y al ver al Thor tan contento me sané. Ese chico era ex-presidiario. Se llamaba Alberto. Yo me hice su amiga. Luego lo metieron en la cárcel y yo le escribía cartas.

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