HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La casa en la que crecí era parecida a la de "el milagro de P Tinto"
Mi familia paterna y mi familia materna, eran antagónicas, incompatibles, eran el arado y la escarcha cuajada en la tripa de una trucha, con el trigo volando encima de los cuervos.
Esto me llevó al agujero del árbol. Donde en el interior del dadá incandescente, todo era armónico, lógico, capaz de amar. Y sólo allí. Fuera nos devoraban las palomas y las chinches, la lluvia, el sol, la luz y la oscuridad. Sólo en el fusil de la fantasía, encajaba el mundo de mis sueños y de mi felicidad. Ahí afuera, se destruía mi cielo, mi vida, mi amor.
Esto me llevó a la radicalidad del fuera de campo donde cuidaba de los lobos y de los corderitos. Donde todos estábamos a salvo.
Por eso, crecí declaradamente en contra del realismo.
Mi relación con el exterior, desde que tenía 4 años, era puro teatro.
Nunca abandoné a mi tragador de fuego, ni a la ternura de Franquestein.
En mi lucha existencialista elegí los duendes de la esquizofrenia, para mantener a salvo mi bien, y mi idea de la armonía y el órden. Durante un tiempo sólo me encajaba el tuétano de la palabra y el extremo de la vida y de la muerte, en el baile de la locura. Así que defendí con puños y espadas de cartón, cada latido de mi locura, contra dios, contra la tierra, contra cualquiera.

Ahora todos se están marchando.
En la casa cada vez hay más habitaciones vacías. Mas gritos de etanol, de cuchillo, de mariposa mutante del vómito de la ayahuaska y la muerte.

Yo vivo en el interior del árbol.
Pero me alimento del canto de los pájaros. Disocio la atmósfera en el ansia del Opio. Hago una metaforización del espanto y de la belleza. Acá, en mi universo, me llega la abstración-fruto e instrumento musical.

Mi ser, está encerrado desde que nací, en la gruta del óleo y del polvo de estrellas.
Nunca he podido salir de aquí.
Si saliera me moriría. Ya es muy tarde.

Y mientras todo empieza a caerse 200 metros bajo tierra.
Mi árbol se llena de telarañas de ceniza y aullido de algas.
Pero la semilla del dadá sigue intacta.
Ella un día lo destruirá todo.
Mi árbol seguirá en pie. Aunque ninguno de nosotros estemos vivos y nos haya devorado el más terrible naufragio y alzar de la derrota y de la decadencia.

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