HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La soledad y la marginación, fue lo único que podía salvarme.  Crecemos a través de metamorfosis, pero no crecemos hacia la vejez, sólo se crece hacia la libertad, lo otro es un caer. Se crece hacia Peter Pan y su machete, lo otro es un involucionar. A mí me salvaron los libros, desde los 12 años hasta los 22.  Me empujaron a seguir mi camino, cuando no tenía semejantes, los encontré en los libros, encontré las palabras que necesitaba, descubrí puertas, cuando el alarido del fuego era demasiado abstracto dentro de mí, hallé verbos, en los libros, hallé la arquitectura de un lenguaje posible. Ahora casi nunca leo, porque siempre tengo necesidad de escribir y cuando abro un libro, leo cuatro lineas y me entra un ataque de electricidad y me pongo a escribir. Pero durante un tiempo leía con absolutismo, se grababan los cantos y hachas del libro, con fuego en mis huesos. Leía con radicalidad. Sentía que todo hablaba a mi Ser y lo absorbía hasta la locura. Viajaba hasta Mercurio con los libros. Sufría ataques de éxtasis, de llanto, pasiones enervantes, luchas, y también me clavaba los cuchillos sobre mí. Yo tenía todas las características existenciales y políticas.. que odiaba el autor, y todas las que amaba.  Yo era el enemigo, el héroe, el vagabundo, el muerto, el ahorcado y el esperpento y luz, del libro. Mi yo, no tenía fronteras, era la nada y el todo. Leía como Don Quijote. Leía como la lava cayendo en la nieve. Me hacía éter. Tenía la sensación de que todo eso ya lo había pensado yo antes.. y que ahora lo recordaba en un barco sobre la galerna. El libro que más perturbaciones me incendió fue "el pesa-nervios" de Artaud. Y otros de los que me llevaron a la locura fue Zaratustra y Fausto de Goethe. En algún momento dejé de poner distancia crítica, con los libros. Me fundía en ellos... pero luego me entraba el contra-ataque.. Recuerdo una carta que le escribí a Hesse en mi cuaderno, insultándolo con delirio, por haber sido un cobarde y haber condenado a Sinclair a la necesidad de un puto Demian, le decía que los Demianes no existían sino dentro, que sino eran unos impostores como él mismo que había generado la necesidad y la dependencia al cielo y a los putos reyes magos.
De los poetas a los que más amé fue a León Felipe y a Panero.
Otros libros de los que me perturbaron fueron los de Castaneda. Y cuando estaba psicótica leía a un tal Fulcanelli y yo creo que lo interpretaba todo en arameo.

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