HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La tarde. Esa hora donde se mezcla el principio y el fin, la efusividad de lo ausente y de lo encontrado, en canciones de carboncillo y de distancia. Mientras detrás de tu ventana se hiere el blues por haberte ahorcado de las luciérnagas en los huesos enterrados de aquél pájaro tan cerca de ti aquél noviembre. Cuando mis palabras se arruinaban donde comenzaba tu violín de tierra y en la emboscada de una fecha que expiró sobre tus labios cuando te empapaba el vino, mi desarraigo percutió tu alma tan abajo, donde a nadie le importa qué alto el fuego empezó la noche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario