HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lo mío ya no es una crisis existencialista. Es la casa de la nada, con una mandrágora de cristal besando tu boca cuando se ahogan los luceros y secuestra el verbo a la soga que ahorca al tiempo en tus huellas, que son las mías, menos una gota de sangre.

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