HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me desperté molesta. Eché de menos la montaña. Me desperté con un grito de inefable rencor. Algo que tengo que mutar.  Hay una encrucijada en el verbo ensañándose con la indefensión del ámbar crucificado en tus labios. Hay un golpe de un hacha señalando sus desgraciadas vidas, a mi se me derrite el corazón en el hielo de ese piano. Lo oigo todo. Nunca me alejé de la verdad de la sombra. Se alojó en mi alma, como la extorsión de la belleza pidiendo limosna a los cuchillos.

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