HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me he enterado de que la palabra "kavka" aparte de significar,  una especie del grajo, en checo,(corvus monedula), también lo significa en ruso y en polaco y en búlgaro. Me lo ha dicho un colega polaco. 
He llegado ahora. El perro ha estado corriendo con otros perros.
Ha sido un día raro. X. me ha invitado a un café en un sitio muy pijo. Yo me quedé en la terraza con el perro. Y entraba ese tipo de gente con el dedo estirado. Señoronas con abrigos de piel y urbanitas con un horrible olor a la muerte de la naturaleza y calvin clein. Me sentí incómoda. Aunque en la terraza sólo estábamos nosotros. 
No me gusta la ciudad. Me gusta más la gente de costa da morte o de pueblos perdidos del bierzo, la gente humilde, la que no tiene miedo a mancharse las manos. La que nace cerca de la mar, porque se le queda dentro algo del salitre.  La que está algo viantada de horizontes imposibles y alaridos del silencio. 
X.  se puso a leer el periódico y me ofendió que le dedicara tiempo a la propaganda del imperialismo. Le eché una especie de discurso contra la realidad manipulada por el capitalismo. Sentí desesperanza y rabia. Ese  gesto cotidiano de leer la prostitución de la verdad en un periódico.., dar un sorbo al café y tirar la ceniza en un cenicero, me supo insoportable, me rompió algo dentro de mis nervios.  Deberíamos hacer un boicot a los medios de comunicación institucionalizados. Deberíamos quemar las fábricas donde salen esos periódicos y los lugares donde graban la propaganda nazional de todas esas cadenas de televisiones pagadas por la clase alta y sus privilegios. Deberíamos arruinarles. Boicotear todos los productos que utilizan la publicidad.

1 comentario:

  1. Recuerdo estar en compañía de un amigo, en un establecimiento pijo como el que describes, y mi amigo, que siempre tiene los pelos alborotados por un imán invisible y unos ojos saltones como los de Marty Feldman, empezó a husmear ruidosamente llevando la nariz de un lado a otro. Un tanto inquieto, el camarero le preguntó si había algo que oliera mal y mi amigo exclamó que ¡sí!, que había algo que olía muy mal... ¿Y qué es, señor... a qué huele?... Mi amigo adoptó una actitud grave y paseando su arrebatada mirada y su nariz en derredor le respondió: ¡Es la ciudad... y todo huele a cáncer! ¡¡¡A cáncer!!!

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