HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me llamó X. y me puso la cabeza como un torna-ruedas. Entró en detalles que me causaban un profundo hastío y me desconecté a buscar patos en la humedad de mi ventana.  Y sin embargo no le dije nada, porque sé que ha sufrido ya demasiado el frío y la distancia de la gente y la soledad.  Pero eso me causa una contradicción. Y otra vez mi jodido teatro. Mi espíritu esperando al cerrar de los bares, yéndome con el río, donde la mar lo muerda. 
Estoy tan acostumbrada a fingir como si me creyera la madre que custudia las sombras ajenas y seca sus lágrimas con jodida literatura. Y cuánto más comprensiva soy con la gente, y más luces busco en sus infiernos, es porque dentro de mí, las miré como un verdugo y me sentí a mí misma jodidamente perversa. A veces sufro una delirante empatía con la derrota de los otros. Y soy puto canto de pájaro anémico.  Y eso me provoca más el exilio. Multiplicadamente la distancia de mi alma con la gente. Cada  vez más teatro.

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