HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Muy lejos de aquél R.19 al lado de la mar. Alejándonos de todos los moteles, de todos los lugares que podrían ser un lugar para descansar. Con tres noches grapadas a tu cocaina, abriendo los ojos, como barcos en medio de la nada. Y tú cantabas esa noche de los ríos golpeados en las botas, cuando aún soñábamos en amar, cuando éramos felices con invicta torpeza, cuando nada nos decía que no, y casi nunca decíamos que sí a aquellos qué. Pero todo era nuestro.
Hoy en la casa del frío. Ya no hay planes. Ya no hay una vela a dios y otra al demonio siempre salvando la guitarra. Te llevó la rosa, cuando se llenó de moho, de mi vida, me llevó de la tuya, donde las campanas de los trenes siempre llegaban demasiado tarde.
Échate un vino. Saborea la indiferencia de las estrellas. Échate a andar donde nadie quiera saber. Somos fantasmas que sobrevivimos a un manicomio, a la UVI, a la plata quemada de una zorra carretera que mintió.

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