HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No creo en los otros, porque en el fondo de mi inconsciente y de mi experiencia existencialista, sólo hay teatro, la hambruna del viento, el engaño del poema, el grito de la ausencia de la guillotina en la plaza, el egoismo del gozo, del poder de la evanescencia y su jodida propiedad de cabarets y ruinas. Porque he perdido la llave, para quitar las máscaras y ser jauría de amor. O porque allá hallé sólo muertos mercantilizando con el hambre de los gusanos.  Tal vez perder la fe, en las personas, es la más jodida de las pérdidas.  Porque el ansia de un sentimiento sacro, choca con el éter y sólo allá, articula la flor del licor del espanto y de la eternidad. 
Yo soy una paralítica, en las relaciones afectivas. Soy esquizofrénica de la boca que se abre para besar y para morder. Se mezcla en la miseria, chupa de los tejos el veneno y hace lanzas y columpios. Tal vez me di cuenta... que cuando amé sin cuestionar el amor, cuando amé suicida del infinito, debajo, había la materia inerte del espacio vacío y el temblor de la muerte.  Y se rompió empíricamente la quimera del amor. Fue en el 2013. Lo que siguió era teatro, caajas musicales de prostíbulos y una profunda náusea de chimpancé follando con cipreses en mi manzana roja de malvas verdes.

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