HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No es fácil. No está la orilla. No está el verso de nitroglicerina que juntaría tu esqueleto y el mío, en la pared derramada sobre ese cartón lleno de palabras de tiza y estiércol.
Vivo en la grieta.
Me alimento de su vino y de su desgracia.
Me colma, cuando ella es la que destruye. Me atormenta cuando sólo queda ella y conoce todas mis palabras.
Me obliga a la paradoja sobre los suelos volados por los aires.
No debo afectarme de la fragilidad de mi humanismo, no debe ser mi puta historia la que impere el hambre de las páginas.
Es un escenario como cualquier otro. Es la placenta del verso. Y nunca importó la salida. Ninguno nos salvaríamos. Ninguno dormiríamos en los brazos de ningún dios.

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