HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No fue por ti. Pero da igual. Ya cruzaba el balcón el suspiro del fin de ese golpe en seco desde el noveno a las cigüeñas acorraladas que robaste de mi silencio. Era muy tarde para todos. Nosotros habitamos lo que el olvido no devora, lo que él no puede soportar.
De lo otro, somos actores, y la conjetura de un error que pagó a los camareros.
Venimos de cien mares, jodidamente secos de luz peremne. Al doblegar de los cuchillos en el luto de la amanita. A punto de salir volando por los aires con la fe ahorcada en nuestros ojos. A punto de ser testigos del suicidio de las palabras y el placton que la ballena penetró en tu sed.

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