HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Perseguir tu descomposición en la rayadura de la ventana llamando a esa puerta de calaveras y tangos.
Perderlo todo. Pacer el cieno junto al canto de los sapitos y la metralla que desvelan tu pobre corazón.
Negar.
Mentir que dolió. Que estuve allí, velánodote en la habitación de un hospital y que no te envié de vuelta ningún gramo de la rosa entre esas guanteras que te guardaban el veneno.
Defraudar a los que quise en el fondo de tus ojos. La mar lo supo. Lo esperó en medio de la nada. Tú no tenías abrigo, no tenían ninguna palabra con la que sujetar el espanto... ni demasiado para pagar al camarero ni para seguir.

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