HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Quiero tirarme unos días, en la caida al vacío de las montañas.
Cada vez me cuesta más responder los correos, acumulo mensajes sin leer en mi tlf. En la puta apostasia del coñac cuando las estatuas son de ceniza robada a tu babilonia de muertos.  Voy por ahí, sin edad y sin futuro.  No me entero de nada de lo que pasa en el mundo, porque cuando leo las noticias me entra síndrome de dinamita y me pongo púrpura de rabia y de ausencia de guillotina en la plaza y se me entumece tan hondo la ausencia de pistola que sufro una crisis de cucaracha de kafka en las ganas de morir. Por eso paso temporadas que sólo sé de perros y de rios sucios. Cuando vuelvo a abrir los ojos a la realidad política me siento obligada a abrir el aullido. Es un vaivén. Es una danza de peyote, entre el agujero y la gota de sangre. Entre la niebla y la urraca.

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