HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Quiero vivir en Costa da Morte.  Allá hay cientos de playas, abandonadas, solitarias, calas nudistas, lejanas. Allá la lejanía flota con el vapor del mar, donde los pasos se olvidan de saberte y de buscarme. Allá hay muchos viantados por el salitre y la melancolía que no se casan con nadie, porque a la mitad están muertos con la mar atada a su pecho.  Y aunque hay muchos que fueron convencidos por la iglesia y el PP, hay muchos también que son de la mar y son solitarios y evanescentes.
Recuerdo encontrarme a mucha gente así, cuando caminaba sola por los acantilados. Un chico que abría sus brazos como una cruz y danzaba al lado de la mar y emitía unos alaridos como de indio y de cangrejo......Otro hombre que se bañó vestido, un atardecer de diciembre, como si quisiera suicidarse o volver a nacer.  Fue el único lugar donde no me sentí extranjera ni rara. Siempre alguien que caminaba solo y parecia ir de la mano de un ser que no era de este mundo. Allí fui feliz. Rodaba a vueltas de tornillo por la arena hasta entrar en el agua, desnuda y feliz, sin importarme ningún humano, ninguna otra realidad que no fuera la de la pasión del mar y las algas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario