HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Salir del escenario. Es arbolar todos los disfraces en el mismo segundo, como una jeringuilla y una placenta. Hallar tal vez el latido insolubre de una amapola que aferrar a los suelos resquebrajados. Y mantener en la mirada como el vaho del salitre.
Y sin embargo cuando camino hacia la desnudez, el movimiento, me cubre de corazas. Y cuando exploto en la gota de sangre,  un golpe del envés de la inercia, me jura un adiós. 
Tal vez soy yo la que ato a mí la senda de la ceniza y del olvido. Tal vez algo en mi insconciente cree que siempre viene el desarraigo. Algo en mí, me rompe en mil pedazos ante el amor de la otredad. Y como esos viejos lobos, me alejo llevando yo el peso del cuchillo y la oscuridad de la tierra desolada en el vuelo de los mirlos.  Para que sólo me recoja el pentagrama del agua que cae sobre los ríos. 
Tal vez porque he sido desamada cuando lo di todo por un amor que no diría mi nombre. Tal vez en el síndrome de Franquestein prefiero hundirme a solas, ser yo responsable del grito del desierto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario