HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se desmenuza, utilizándonos, llave oxidada entre charcos y paredes. Tenaza de tu exilio cuando vienen las pandemias de la voz acuclilladas entre piedras y empapan de tu alma, el impenetrable muro entre la palabra y el grito, entre el paso y tu medianoche suicidándome poemas donde la mano aberta es fuego que huye.
La cadencia de la soledad, al juego de los títeres y la carnicería, beso de  paloma en el cuchillo que usaste para rasgar mi carta entre los muertos.
Somos ese soplido, desvencijado por el eco. Hermanos de astilla, cuando junta sus manos la necesidad y pierde su nombre y su cuerpo, en extorsiones que la distancia multiplica cuando te acercas para confesarme algo que nos llegó roto e imposible.
Escribo encima de un accidente. Soy el virus circunstancial de una belleza asesinada. Soy unas circunstacias que fueron  un secuestro para el fruto de la mar, para el aire, o sólo tachón, y vals amorfo y desafinado.  Todo lo que pienso, lo que he visto, lo que amé o lo que odié ¿fue realmente mío? tuve algo qué ver con su entierro o apología? Creo que no. Pero tampoco fue un dios o la nada. No sé qué coño. Pero no fue mi historia. Llegué a algunos lugares de la metafísica, apilando desechos en mi pecho, llegué a otros sumando supuestas victorias o orgasmos. A muchos por desesperación, a otros por olvido, por cretino tictac echándole amanitas a los dedos del aire. O por derrota, o por sueño. Pero no creo que su fondo, respaldara su lengua.
No sé qué hizo mi infancia, mi genética, o lo empírico del rayo, cuando fumamos estrellas en un acannntilado que también nos amarró inexistentes.
Cuando era adolescente pensaba que no importa, el sexo, ni la vida de cada uno, ni la experiencia, pensaba que a través de la mente, podría llegar a comprenderlo todo, todos los otros humanos están en mi cerebro, como yo estoy en el suyo, pensaba que debía desgarrar el primer escenario que era mi yo, y adentrarme al inconsciente colectivo, al baile del peyote, a la fiebre de Artaud, y a través del asalto y abordaje, llegaría a la verdad. Pensaba que en la mente, había una especie de juego de oca en oca, sinestesia de perros y pájaros, brujería de la energía,  y a través de ciertas "pruebas" que eran más bien un baile de hachas y amores, se abrían otras puertas en las percepciones, en la conciencia. Decía Lorca "toda la luz del universo cabe en un ojo" Yo también creo que todo lo existido y lo no existido, en algún lugar aunque sea a millones de años luz de aquí, se puede llegar a sentir y a vivir desde la mente. Porque el tiempo y el espacio, es una ilusión sugestionada por el hambre.  Adentrarse es pegar un tiro al primer ser. A la identidad y todos sus destinos.Nuestra mente es un conducto, un transporte, si la soltamos de la sucia realidad de los cuerdos apoltronados al suelo y al flujo monetario.
Los locos siempre han vivido en ese tipo de sinergia. Y por haber visto tanto en el allá, se volvieron locos para el aquí.
Yo traicioné a los locos. Dejé aquél camino, en sobres de azúcar y gasolina, envuelto y torturado en poemas, en diarios... en mis sueños de una cabaña al lado del mar... en paz, sin oir nunca más, la voz del éter, sin ver sus criaturas, sin tocarlas. Me hice terráquea.  Habia sufrido mucho en los manicomios, mi cuerpo también había sufrido las drogas psiquiátricas, la sed, la soledad de cristales.. me hice más pragmática, aunque utilizara el surrealismo, aunque me fuera volando a veces de la realidad ordinaria, encontré mi punto de retorno, en el poema, mi seguridad, la protección contra la locura.  Yo no lo sabía, pero estaba también acorralándome en muros. El miedo a la locura, era el muro. Era la ceguera.  Perdí mis visiones, las transliteré a algo del existencialismo material. Dejé de creer en los dones de lo etéreo, en la margarita incendiada en los ojos, en los columpios de oruga, en Alicia y la muchedad, en los sueños.
No sé, quería vengarme del daño que me hicieron los cuerdos con las razones de la locura... con la VIDA. Pero me disfracé. Me volví una de ellos, en vestido, en pobreza, es desgajado rostro de agujeros de gusano.
Todo era complejo. El nihilismo y el ateismo, tenía miles de libros de fuego en las razones. La locura también me había engañado, cuando desapareció, cuando las drogas psiquiátricas me llevaron a la nada... al dolor de no ser y no tener nada, ni siquiera sentimientos.. sentí que había hechos cosas muy raras... contra algunas personas, contra todo sentido común, aunque no era accesible desde ese vacío, los estados de conciencia de la locura....  ella me había hecho muy feliz... ella también me hizo comprender palabras y horizontes desde fogones de luces de oruga y de erizo de mar. 
Ahora m siento en una bifurcación de ceniza y venas de ciprés y mandrágora. Es raro... vuelvo a sentir la extravagancia del pulso de las invisibilidades... y a la vez están descoronados y apedredados sus reyes. 
Todo esto es la cuántica.
Recuerdo una vez un chico... que dijo "tengo miedo a  volverme loco". Le dije "si tienes miedo es que no estás loco tranquilo, los locos no tienen miedo a la locura". De aquella yo estaba loca. Luego.. traicioné a mi locura. Empecé a temerla. Tal vez tenía razones para ello. Tal vez entonces tenía que atravesar el camino de la rosa de jericó, el escepticismo y el pis de Diógenes. 
Ahora me llama, un significado oculto, de mi piano de pirómanas. Me busca el conejo de Alicia, me señala agujeros de árbol, plantaciones pendientes del río del olvido.  He gastado ya, el mundo de mis cuerdas...  he volado a veces en la mística de los vaciados, he sido feliz, en lo mundano, en lo profano, en lo etílico, he hablado con ancianitas de la nieve y del verano, he caminado camuflada entre la multitud,he dicho que sí, cuando por dentro cagaba todos los noes, he movido la cabeza y acariciado otras pieles, sintiéndome fundida en esa realidad común. He amado y follado, como lo hacen los seres humanos y los papeles vacíos.  Hasta busqué trabajo por el google. Fui a los entierros sin llevar mi sombrero de huevos de gallina y mis deshollinadores. Lloré en los brazos de mi madre la muerte de su madre como un molino seco de Don Quijote.  Escribí cartas de amor, de amistad, de ya te devolveré las moratorias.  Limpié la mierda de mi perro en la ciudad sin escandalizarme por toda la mierda mucho más dañina que ni dios limpiaba, como esos edificios, bancos y ayuntamientos, tubos de escape y presidios. Ya fui cuerda hasta la hartura. Se me secó mi corazón de ser cuerda. 
Ahora tengo que volver a mi casa.

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