HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se fue. Da igual si tuvo luto, o tres botellas de whisky y un mirlo muerto en los brazos envenenando las margaritas. Da igual si le escribí 100 poemas o quemé los crucifijos. Nada volvería de allí como dádiva ni como perdón y descanso.
Muchas historias no acaban en ningún lugar que protejan las palabras ni el argumento ni la tierra. Ni el delirio del vino y de las cicutas. Ni el sacrificio. Ni el llanto. Ni el odio. Ni ningún fin.
Son las historias del fracaso. 
Son las del boquete. Las del precipicio y el baile de la marihuana.
La que devuelven el absolutismo de la inexplicación y el grito de sangre y de opio.
Y esas putas historias siempre han sido las mías. 
Las que te roban algo que ni siquiera llegaste a tener. Y te dejan un raro síndrome insolubre dentro.

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