HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Sembrar con ese lienzo devorado en el fuego, el rostro de papel que la casa de las arañas ceda a tus derechos para matarme sin que se atasque el desagüe de esa puta novela de suicidas de la medianoche apurando el trago y la esperanza cuando el mañana no estará con nosotros.
De puta casualidad aún ese maniquí dentro de mi armario tiene las pilas de tu reloj y sofoca nuestra sangre en papel de lija y machete. 
Vuelvo sola donde no dejaste mucho más que escombros. Miro por el vídrio el oleaje cautivo de tu guitarra evaporarme.
Y duelo de literatura y circo. Pinceles de gas y rajas en los horizontes que te vomitaron de los panfletos que esa tarde llovían encima de los cines, con canto de excremento en tu faz alta de vuelos ahogados entre cocaina y adiós.

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