HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Son unos sordos. Es raro el sentimiento de rabia y su necesidad de hondura en mi pecho, la llamada de su radicalismo acechándome como soga de álamos en campos helados. Alguna vez lo abrí en canal sobre estos techos como un aquelarre de malditos. Alguna vez lo liberé hasta la lágrima del sol. Hasta la deformación del humus del verso en una espada vencida y clavada sobre el suelo y naciente en el fondo de los ladridos. Hoy vuelvo a sentir ese cabalgar de lobos. Pero no quiero romper la ya frágil y absurda flor de sal. No quiero hacerles daño.

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