HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñaba con una habitación llena de papel de pegar amarillo y tiras amarillas derramadas por el suelo y alguien las mostraba en comparación a esa misma habitación vacía, aparecían las dos a la vez, y las exponía como el engaño, tal vez destripaba otro sueño, o era una mirada a la sociedad, nos hacía sentir ilusos por creer otra cosa de lo que escondía el amarillo.
Me despertó Kavka. Es de noche pero se ve la nieve, no hay mucha, habrá 3 dedos y está nevando. kavka anoche ladraba, extrañaba tal vez la otra casa, estaba inquieto, daba carreras a lo loco por la casa, daba saltos y no paraba de ladrar. 
Hacía mucho frío al llegar, el aceite estaba congelada. Los huecos rezumaban el perfume de algo clandestino. Esa sensación de bandoleros. Había una mancha de sangre en el patio, no sé si sería de algún gato, pero se me quedó grabada como letra de ciprés. El buzón estaba abierto y vacío. Salieron los gatos a saludar y les dimos de comer. Y ya estaba cubierto de nieve. Yo estaba eufórica por la nieve y el perro encima, descubriéndola. Pero luego todo dio una vuelta de campana y me puse violenta y rota.
Queda un rato para que amanezca. Tengo un jersey de lana, de esos que pican, con agujeros de polilla, tiene dibujada la hoja de la marihuana. Tengo un chaleco muy abrigado encima. Ahora no tengo frío. Ayer había esa sensación de desarraigo, de dormir sobre unos cartones. Tal vez por el abandono de la casa, por sus fantasmas.

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