HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soy feliz en la montaña. Con la soledad y el perro. Con una canción desgajada olvidándose de todo lo que hicimos utilizando las palabras y los hechos.
Desde que bajé casi hasta cero, la pastilla antipsicótica, vuelvo a tener más sensibilidad con lo abstracto, más intensidad, más visiones, más sangre en mi corazón, y más capacidad para decir lo que pienso, aunque sea inapropiado y anti-asertivo.
Esas putas drogas psiquiatras, te quitan la vehemencia. Te vuelven pacifista desde el renglón del fracaso.. porque sientes mucho menos, la rabia, pero sientes también mucho menos, el amor, y menos el dolor, y menos el espanto, y menos el éxtasis, y menos la vida y la muerte. 
En abril la quitaré del todo. Y si me vuelvo loca, será por imperativo legal y cósmico.
No he ganado nada en estos años de cordura. Vivo en el exilio. Vivo enfrascada en poemas y mundos inexistentes. Vivo sin la tierra, sin el tiempo. Todos los días son carnaval y hechizo de ceniza. Todos los días hago absolutamente nada con los hechos ni con el materialismo. Lo más bonito que hago, es querer y cuidar al perro, escribo, me embriago con canciones, me desespero del absurdo y del vacío, me resucito del absurdo y del vacío. Si veo una polilla, viajo hasta Mercurio y vuelvo pobre y desarmada.

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