HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Subí las escaleras para lavar en tu voz la cicatriz de mi sótano abierto en canal sobre esa epístola del marzo del presidio. Muy lejos de todo lo que rozara en la piel el peso de un nombre.
Y bajo el fuego te sacrifiqué del recuerdo. Merqué en la memoria con la gota insolubre de sangre que mezcló esa droga cuando queríamos morir.

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