HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tal vez algunos de mis problemas sociales, nacen por culpa del cinismo. Tal vez por eso la infidelidad, el destierro, el desapego. Tal vez yo también soy una hipócrita, y vivo camuflada, protegida por la escritura, me envío a mí misma a una página vacía, me espero allí, y todo lo profano fuera de ella.
Mis amigos, muchos, son de grupos antipsiquiatría, muchos nos encontramos a través del manicomio. Pero no he sabido con ninguno tener una relación íntegra de mi ser. Había con todos ellos, una identidad antagónica en mi corazón. Algo que ellos no conocían y que muchas veces su radicalismo destruiría el vínculo que nos unía si salía a la luz. Un latido que me separaba de ellos. Y esto es así desde hace demasiado. Mis amigos de la juventud también fueron así, amigos del whisky y del teatro, pero no amigos de la desnudez de la noche ni de la verdad del fondo oscuro de los ojos. 
Tal vez por eso, estuve obsesionada un tiempo con eso del "alma" gemela. Creía en un ideal de comunicación humana. En la voz de la entraña y de la estepa, en la misma voz que usaba en mi introspección y en mi escritura. En esa voz del éter, liberada. Necesitaba un compañero, porque no lo había tenido nunca de verdad. La realidad ordinaria, la mediocridad de mi pueblo, la hipocresía social, me había llevado a la soledad y al Teatro. Y entonces en internet, encontré algunas personas... el primero se llamaba Ernesto.... era comunista libertario, era poeta, era fascinantemente hermoso, con el pelo largo, alto, soñaba muy intensamente, me envió libros y música, cartas en forma de jeroglíficos, con poemas visuales....  vivía de forma hippie, se dedicaba a salvar las tortugas en Costa Rica,  a amar y a ser libre.. yo entonces tenía fe, me sentía dueña de las estrellas, no tenía heridas muy profundas, no tenía tampoco demasiada necesidad del amor, todo era un juego y un viaje, tal vez tendría 16 años, era feliz. Pero luego me fui un verano... un viaje muy raro, me pasé con las drogas, con la metafísica, tuve una crisis de la identidad. Fue ese verano, donde empecé a ahondar en la metafisica del metalenguaje y del yo.  Cuando volví a hablar con Ernesto yo había cambiado mucho. Y luego me enamoré de otro hombre y Ernesto se fue. Luego tuve un brote de locura. Perdí completamente a mi identidad humana. Y blablabla. Me aburre ésta historia. La he escrito ya muchas veces.

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