HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo que largarme a la montaña. Estoy escribiendo muchas idioteces.  Cotidianos, sin ningún fin poético. Como hablar con alguien entre cerveza, hierba y días muy largos, donde la arena se mete demasiado en los ojos. Me distraigo.  Por alguna razón tengo una ebria necesidad de escribirlo todo, a veces en la metafísica, a veces en la fractura de las ventanas sucias de los bares, con tomates mutantes matándote de óxido.. Ahora me he contenido de escribir una situación muy cómica del extreñimiento de X.  Para mí en la escritura están también mis amigos, los que a veces no están al abrir la puerta. Yo me trastorno cuando vengo a la ciudad, pierdo la introspección, se transforma en otra cosa. Hay muchos estímulos sucios en la urbe, el sonido de los coches, ciertas llamadas al teléfono para quedar, y los alaridos de la casa. Pierdo la intimidad con el vacío. La profundidad de lo incorpóreo de la noche. El temblor del espanto acunando los crisantemos con la ternura de los desposados por la brasa y el hollín.

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