HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo sueño.  Ya no me apetece escribir demasiado. Lo que me gustaría es tener una chimenea francesa y quedarme en silencio mirando el fuego.. con el perro cerca, hasta dormirme. Tengo una inquietud de algo existencialista... pero no se filtra en las palabras, se evapora, busca la fuga para hacer eco, para esculpir un rostro donde tus ojos son todos los caminos y ninguno. Amo la mirada del perro, sobretodo cuando lo observo y él esta haciendo algo y se da cuenta de que lo miro, y me mira de reojo, con la mirada más inocente y salvaje que yo he visto.
Creo que ya no me interesa la poesía ni la literatura. Durante un tiempo, pensaba mucho en la meta-escritura, en la poesía social, en la exposición cortante de un grito, de una ruta, del Ir, algo acabado, algo que me ardiera. Buscaba la perfección en la metáfora, aunque lo hiciera de forma automática y sin la reescritura. Buscaba esa vuelta, de la tercera interpretación y las metastasis y metamorfosis de las metáforas, la evolución, romper mis limites de la autocensura, probar todas las voces que alguna vez creí que fueron mías. Escribir la suciedad, mi pudor, mi espanto, exponerme con lo que otros señalaron en mí a través de las heridas y el desprecio y hacerlo mi trinchera. Creía en el fruto del poema. Ahora ya no lo siento así. Lo siento un rubor. Una manera de pensar, de vivir, de andar, o de morir y pararse, de luchar contra el olvido, contra la memoria, de no estar sola pero estar sola.. Pero son las palabras, son los significados, son su irrevocable abstracción..... son ellos los que se mueven y a mí sólo me ayudan mientras se están moviendo. Me da igual si escribo sobre un perro o sobre la mancha de semen que tenía ese libro que dejaste en una tumba equivocada. Me he vuelto tan escéptica de la humanidad y de mí misma... que ya no creo en ninguna obra. Me es tan ilusoria la realidad como la fantasía.

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