HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo un deseo de abandonar, los hechos respecto a la civilización. Algo en mí, vagabundo.. que se marcha.. que sea desea como en aquél anonimato de la niñez, cuando hacíamos algo que nos habían prohibido y que se mantenía como un secreto, como la celebración de lo libre, de lo gaseante, muy lejos de todo ego, rostro y nombre. De todo retorno de la palabra.
No he formado parte de nada. Me da mucha pereza hacer cualquier cosa que alguien espere que haga. Cualquier producto, o plan, o fin. Me da pereza incluso seguir mis propios rollos de mis deberías. Quiero vivir sin amarras. También sin las mías.
Escribir sin la presión de hacer un poema. Ya no me importa el poema. Nace cuando tiene que nacer. Cuando lo necesita la explosión, el espanto o el gozo. Cuando es el exorcismo. Ya no hallo tampoco, el incentivo de acabar un poema, de arquitectarlo, ni la ambición de su extremo. Ni distingo demasiado un poema de un rubor de ceniza.
A veces pienso que necesito algo que transforme el éter, algo que me vincule a un acto en la tierra, a la realización de un sueño, de un propósito, la lucha por la justicia social, la unión con un grupo y defender juntos objetivos y sueños, luchar juntos contra los enemigos de la vida. Y hacer. Pero por muchas razones... siempre vuelvo al éter. No soy sociable todo el tiempo. Sólo a veces tengo ráfagas. Y la relación con las personas me acaba generando muros y grietas. Y por eso me voy sola. Y dónde yo voy no hay mucho de los hechos, ni de los probables.
Esto a veces me genera la abrasión del absurdo. Pero también la simpleza, la pobreza, el éxtasis del valle, cuando ya no hay una Obra que salvar.

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